De acuerdo a la Real Academia de la Lengua, el Arte es la manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros. Así mismo se considera como la capacidad o habilidad para hacer algo e incluso maña o astucia.

Considerando lo anterior, difícilmente pensaríamos que tiene relación con la escalada, sin embrago creo que en algún momento llegan a cruzar sus caminos. Por medio de la escalada podemos sentir o hacer sentir emociones, al igual que en el arte.

Probablemente te ha pasado que imaginas cada secuencia de la ruta aunque no estés escalando, repasas cada movimiento antes para recordar la sensación que debes de tener allá arriba, semejante a lo que sucede en la danza con una coreografía. Llegas a encontrar una conexión especial entre mente, cuerpo y escenario en el que te encuentras, misma que genera emoción por salir a ejecutar cuanto antes.

Cuando tienes un objetivo preparas todo para que sea el mejor momento, afloran los nervios, el deseo, y si lo logras, exista o no público, sientes ovaciones internas e incluso te aplaudes a ti mismo por tu espectáculo.

¿Semejanza? Aunque en distintos escenarios pero creo que sí la hay.

Dominar el arte de escalar… ¿Es posible?

Siempre estamos en busca de algo más y por lo tanto quizá resulte complicado llegar a dominar el arte de la escalada y más aún en sus diferentes modalidades, sin embargo, sé que podemos practicar hasta el punto de desarrollar una gran naturalidad y facilidad en nuestros movimientos.

Necesitamos ser conscientes de nuestras fortalezas y debilidades, y trabajar con base en ellas. Ningún arte es fácil, por ello es necesario que tengamos la disposición y actitud para estar ahí, ensayando cada movimiento, tantas veces como sea necesario para en algún momento sentir que es “fácil”, aunque en realidad no lo sea.

Pero… ¿Cuál es exactamente el arte de escalar?

¿Dominar cada movimiento de nuestro cuerpo? Quizá este solo es el principio, sin embargo creo que va más allá, hasta el punto en el que logramos dominar nuestros pensamientos y sintonizarlos con nuestro cuerpo hasta conseguir que trabajen en conjunto, aun considerando todos los elementos externos a los que se estamos expuestos. Tarea difícil, pero muy placentera cuando se logra.

Personalmente me ayuda mucho trabajar con la imaginación. Por ejemplo, imaginar que una secuencia es fácil o que no me cuesta y que en lugar de esfuerzo me genera fluidez en cada movimiento. Esto ayuda a que mi cuerpo de una u otra forma siga esa sensación provocada por la imaginación.

Quien logra controlar sus pensamientos quizá está más cerca también de dominar el arte de escalar, el cual nos hace fluir de forma natural y nos exime de miedos y expectativas desgastantes.

Con la experiencia de haber vivido la danza por casi dos décadas y de haber tenido la fortuna de pisar los más grandes escenarios en México, me doy cuenta de que existe cierto toque de complicidad entre ambas disciplinas, la cual va más allá de los escenarios y donde poner en sintonía tu mente y cuerpo son elementos fundamentales.

Por: Quetzali Galindo